El orígen de la corbata es antiguo. Incluso entre
los romanos se encuentran indicios de algo que recuerda a la corbata.
El más ilustre de ellos, Augusto, que era enfermizo y friolero, usaba
en privado su focale, para protegerse la garganta.
Caída en desuso, reaparece hacia 1660 con los regimientos de soldados croatas, cuyas croatas impresionaron en la fastuosa corte de Luis XIV, comenzando así la historia de la corbata moderna.
Pero,
la hoy clásica corbata fue, en su día, una extravagancia. Y, así, en
Francia, en el siglo XVII, el reglamento disciplinario del colegio
calvinista de Puylaurens, en el Languedoc, advertía sobre el
comportamiento que debían tener los estudiantes, e indicaba: "Los
estudiantes de teología serán modestos en su indumentaria , y no
llevarán ni corbatas, ni cañas o bastones, ni otras cosas contrarias a
la modestia".
La actual versión de la corbata, estrecha y colocada debajo del cuello
de la camisa, se desarrolló hacia finales del siglo XIX, pues en los
dos siglos anteriores ésta consistía en una amplia tira drapeada o
plegada sobre el pecho y anudada según modalidades diversas.
En la actualidad existe cierta tendencia al regreso de las joyas
masculinas, pero un verdadero señor dificilmente se deja engañar;
puesto que sabe que las joyas permitidas al hombre son muy pocas:
aparte del reloj y la alianza, los gemelos y el alfiler de corbata
componen la relación. El pasador de pinza se prende en el borde de la
camisa, más o menos a la altura del cuarto botón desde arriba, de forma
que quede escondido cuando la chaqueta se abotona.

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