La evolución de los guantes se debió a la necesidad
de proteger las manos contra el frío y los efectos del duro trabajo
manual. En el norte de Europa, hallamos los “guantes de bolsa”, fundas
de piel animal que llegan hasta el codo, de unos diez mil años como
mínimo. Los mitones, aparecen también por la misma época.
Los
primeros pueblos que habitaron las tierras cálidas lindantes con el
Mediterráneo utilizaron guantes para la construcción y las labores
agrícolas. Hacia el 1.500 a.C., los egipcios fueron los primeros en
hacer de los guantes un accesorio decorativo. En la tumba de
Tutankhamon, se hallaron un par de guantes de suave tela de lino
envueltos en varias capas de tela, así como un solo guante tejido con
hilos de varios colores. La separación entre el pulgar y los demás
dedos no dejan duda de que hace al menos 3.500 años ya se usaban
guantes con toda la forma de la mano.
En
la Edad Media formaron parte casi exclusivamente del atuendo masculino
caballeresco y, hasta el siglo XV, sólo los hombres de la nobleza los
usaban, como símbolo de pertenencia a una clase social. Hasta el siglo
XVI no se convirtieron en prenda de uso femenino, por iniciativa de
Catalina de Médicis, reina de Francia

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