domingo, 13 de mayo de 2012

EL BOLSO


En la antigüedad, desde los romanos hasta las cruzadas, el boso más usado, tanto por hombres como por mujeres, era la bolsa monedero, que se cerraba con un cordón.
En el siglo XVI, las mujeres ocultaban sus objetos en los pliegues de la falda, o en las mangas, pero en el XVII aparecieron los bolsillos, que no se cosían al vestido, sino que se ataban a la cadera
En París, en 1790, la moda del estilo Imperio, que no permitía estos bolsillos, hizo aparecer el bolso. En realidad lo que se hizo fue ponerle correa al bolsillo.
Estos primeros bolsillos exteriores se llamaron “retículos”, del latín reticulum, pero la prensa francesa que criticaba que una prenda interior se convirtiera en exterior, los rebautizó como “ridículos”. Hacia 1805 no había ya mujer que no saliera de casa sin su bolso.
Lo que conocemos como bolso clásico, empezó con el caballo y el barco de vapor: Louis Vuitton hacía baúles de viaje para Napoléon III, y la casa Hermés se encargaba de las sillas de montar de los aristócratas.
Las épocas de crisis, como las guerras, hacen que el bolso crezca, mientras que se reducen durante las épocas de bonanza.
Tras la II Guerra Mundial, cuando la mujer se incorporó decididamente al mundo laboral, se puso de moda el bolso de bandolera, que dejaba las manos libres.

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