Fue en Grecia, hacia el siglo V antes de Cristo,
donde empezó a usarse el sombrero (petasos ). Era una prendade fieltro,
con ala muy ancha, que servía para librarse tanto del sol como de la
lluvia. Cuando no se llevaba puesto, se colgaba a la espalda, sujeto
con un cordón. Etruscos y romanos lo copiaron, haciendo de él una
prenda popular en la ribera del Mediterráneo.
Hacia
1850, en las tiendas de las galerías de Orléans, de París, comenzaron a
exhibirse sombreros femeninos, con gran escándalo de los cronistas de
la época escandalizados no por los sombreros en sí, que ya existían,
sino por la forma de venderlos. Afirmaban que venderlos así era colocar
las prendas de mujer a la misma altura que los jamones y las
salchichas.
Aunque desde el fin de la II
Guerra Mundial se puso de moda llevar la cabeza descubierta, durante
los mil años anteriores la cabeza se llevaba cubierta. Hace un siglo,
el tipo de sombrero venía determinado por la posición social del que lo
llevaba.
El primer sombrero de copa lo usó
su inventor, el inglés John Etherington, propietario de una lujosa
mercería del Strand, el quince de enero de 1797. El “Times” de Londres
comunicó que el sombrero de Etherington, negro y alto como una
chimenea, atrajo a una multitud tan numerosa que se produjo un tumulto,
al ser empujado un hombre contra el escaparate de una tienda, que
resultó roto, Etherington fue arrestado por alterar el orden. Sin
embargo, al cabo de un mes ya no podía cumplimentar los encargos de
sombreros de copa que recibía.

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