En el siglo XVI, cuando la fabricación de relojes
estaba a cargo de los cerrajeros, aparece el reloj de colgar, al
parecer, obra de un cerrajero alemán que redujo la maquinaria hasta
poder meterla en una cajita de píldoras, a la que le puso una tapa de
cristal. Estos relojes se llevaban colgados de una cadena o cordón.
Los
primeros relojes de muñeca se fabricaron hacia 1890. Al principio no
tuvieron éxito porque se consideraban pulseras, propios de mujeres,
pero durante la I Guerra Mundial, los adoptaron los oficiales, porque
era más fáciles de consultar, y desaparecieron las connotaciones
femeninas.
Hacia 1930 se hacen
sumergibles, en 1969 se hizo un reloj para ir a la luna, el
Speedmaster, diseñado por Claude Baillodin y rigurosamente probado por
la Nasa.

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